Estoy padeciendo colon irritable otra vez. Me temo que como sigamos así no llego a las elecciones autonómicas de mayo. Antes de que se me añadan subidas y bajadas de presión fruto de tanta reacción psicosomática, me he prometido quemar la radio, la televisión y la PC de casa y no comprar bajo ningún concepto la prensa; lo primero es la salud. No me siento capaz de escuchar a los miembros del gobierno ni un minuto más.
En España se acaban de establecer una veintena de medidas con el fin de implantar un plan de ahorro energético. Como casi siempre, entre anuncios inconexos, aclaraciones posteriores o una serie de rectificaciones que se contradicen entre sí, los ciudadanos estamos perplejos. El vicepresidente primero del gobierno ha afirmado que “cada vez que sube el petróleo España las pasa canutas” (es decir que lo pasa fatal); no lo pongo en duda señor Rubalcaba pero le juro que más allá de cómo lo pase España, con tanto mareo, orden y contra-orden y tanta medida a cuenta gotas, los que “las estamos pasando canutas”, de verdad, somos los españoles.
Por ejemplo, a partir de este lunes deberemos circular por autopista a 110 km/h en lugar de a 120 km/h. Unos aseveran que eso ahorra, otros nos explican que Holanda y otros países europeos están implantando como velocidad máxima los 130 km/h, Rodríguez Zapatero nos consuela con un “llegar diez minutos tarde a algún sitio tampoco es tan importante” y en el “mientras tanto”, nos han mostrado por televisión toda clase de pegatinas que serán utilizadas para sustituir las señales de 120 a 110: redondas, cuadradas, imantadas, adheridas con silicona…
Si circular a 110 km/h ahorra combustible no entiendo porqué la medida no es permanente sino provisional: hasta el 30 de junio y prorrogable cuatro meses más. Si además de ahorrar salva vidas, tampoco me explico cómo a esa medida se le ha añadido otra que implicará reducir en un 50% la iluminación en carreras y autopistas. Lo entendí un poco cuando escuché al ministro de Fomento aclarar que él “no había querido decir reducir sino hacer eficiente”; me asaltaron las dudas de nuevo cuando leí con posterioridad, que la Asociación Española de la Carretera (AEC) denunciaba los peligros de esta iniciativa y su impacto en la seguridad vial si no se adoptaba con extremo cuidado y sin poner en peligro la visibilidad. Visto lo visto, juro que me he llegado a plantear dejar de viajar por carretera hasta las próximas elecciones generales y limitarme a esperar: con eso estoy segura que, además de no volverme loca, contribuiré a ahorrar mucho más.
En medio de este mega-plan que bien podría llamarse “ahorra tú imbécil que ya me lo gasto yo en tu lugar”, nos hemos visto también obligados a presenciar cómo el ministro de Industria, Miguel Sebastián, enumeraba nuevas medidas; bueno, nuevas sólo algunas. El plan de ahorro del 2008 ya contemplaba muchas que, o bien no se han hecho efectivas, o al aplicarse nadie se ha molestado en evaluar: iluminación eficiente en edificios públicos y grandes ciudades, sustitución de lamparitas en municipios pequeños, campañas de concienciación al ciudadano…
Al oír lo de “concienciación” fue cuando estallé. No es de recibo abordar un plan de ahorro mientras te lanzan imágenes de Zapatero desplazándose en avión Falcon a mítines del PSOE o se denuncia que el Director General de la Guardia Civil viajó a Córdoba, también en avión oficial, gastando más de 1.800 litros de combustible y 2.160 euros cuando lo podía haber hecho en el mismo tiempo en tren de alta velocidad con un gasto de sólo 84 euros. Cenar frente al televisor mirando atónita cómo Ministerios u otros edificios públicos, incluso la sede del PSOE en la madrileña calle Ferraz, permanecen a las tres o las cuatro de la madrugada iluminados planta por planta en su interior, desalienta y “cabrea” al más pintado. Recomiendo encarecidamente al gobierno que utilice el dinero que costará la campaña de “concienciación”, en aleccionar a ministros y altos cargos antes de tocarnos las narices a los ciudadanos una sola vez más.
Nadie con dos dedos de frente y algo de sentido común podría criticar un plan coherente, exhaustivo y útil de ahorro en un país como el nuestro dependiente energéticamente en un 75% del exterior. Nadie podría tampoco objetar, que se adopte cuanta medida sea necesaria para reducir nuestro nivel de contaminación. Lo que rompe los nervios es contemplar cómo las medidas se anuncian por partes y a trompicones, se rectifican y se vuelven a rectificar, no se cumplen ni se evalúan, o cómo se abandonan porque “en 2008 el precio del crudo se desplomó”. Más aún, esta misma semana se publicaba que durante un año completo 27 expertos en áreas energéticas, de transporte o economía, se han molestado en elaborar el estudio “Cambio Global España 2020/2050” (en el que se presentan un plan de fórmulas mucho más exhaustivas y eficaces para ahorrar) y me juego el cuello a que a ninguno de estos “lumbreras” del gobierno se les ha ocurrido ni consultar.
Para colmo el famoso plan de ahorro nace con un coste de unos 1.150 millones de euros y demasiadas lagunas en su financiación. Nadie especifica exactamente cuánto, cómo y quién lo pagará y qué nivel concreto de ahorro se obtendrá. Me asombra, por citar un último ejemplo, que se lance vía subvención pública un plan “Renove” de neumáticos y sea la propia empresa “Michelín” (que precisamente vive de vender neumáticos), la que le diga al gobierno que sólo con una campaña informativa sobre la importancia de mantener una presión correcta en las ruedas de nuestros automóviles, el ahorro en combustible sería igual o mayor. ¿Alguien es capaz de explicarme todo este berenjenal?
Como recordaba un artículo de opinión que leí hace unos días, ya en su momento el historiador económico italiano Carlo María Cipolla - que recopiló y divulgó las leyes esenciales de la estupidez humana – afirmaba que “la fortuna de una nación dependía del porcentaje de individuos competentes e incompetentes que estuvieran instalados en el puente de mando”. Me pregunto, sin ánimo alguno de ofensa pero con la máxima indignación, si no podríamos implantar en España y con urgencia dos nuevos planes: uno “Renove” y otro de “ahorro” de estúpidos al mando en esta nación.







