No es frecuente que medios nacionales como el diario Clarín dediquen artículos extensos a la música clásica argentina. Por esta razón es que ha sorprendido a los especialistas la publicación de la nota que hoy firma Sandra de la Fuente y que tiene por objeto repasar el gran impacto del disco Concierto del Bicentenario, editado por Sony Music y grabado por la Orquesta Sinfónica de Salta bajo la batuta del director platense Luis Gorelik.
Dice el artículo que la iniciativa del disco no provino de las instituciones del Estado sino de una discográfica multinacional como Sony, que confió el proyecto a Gorelik y a la OSS, que el maestro dirigió entre 2007 y 2010.
Recuerda la nota de Clarín que Gorelik nació en La Plata en 1961, que se formó en la Academia Rubin de Jerusalén, que dirigió la Orquesta de Salta entre 2007 y 2010 y que actualmente es titular de la Sinfónica de Entre Ríos.
“El mejor aporte que puede hacer esta producción -asegura el músico- es no dar respuestas sino generar preguntas. Nadie sabe muy bien qué es la música argentina, entonces lo mejor que se puede hacer es festejar la diversidad, manifestarla en forma clara. Es evidente que no hay un coeficiente de argentinidad e intentar buscarlo sería nefasto desde toda perspectiva”.
El director sostiene que acotar la diversidad de la música argentina no es fácil: "El límite lo impuso mi propio gusto y mi propia valoración. Quedó una muestra de diferentes obras que, a mi entender, ejemplifican de la mejor manera varios de los estilos más interesantes de música orquestal que se han dado en este país, sin criterio cronológico sino estilístico".
A continuación, Gorelik repasa cuidadosamente los principales atractivos de las obras elegidas para ser incluidas en el memorable disco. "La de Gilardo Gilardi es inigualable en principio, por el título: Gaucho (con botas nuevas), es el gaucho de Molina Campos, un gaucho de trazo grueso. La obra está muy bien orquestada, influida por las Aventuras de Till Eulenspiegel, de Richard Strauss, en su forma, sus dimensiones, en su tonalidad. Hasta se inicia con un solo de corno. Es un clásico que muchos directores eligen hacer pero no es fácil darle la chispa y frescura que necesita. A Variaciones para Orquesta, de Gerardo Gandini, en cambio, la elegí porque me parece significativa. Es una obra del ‘62, que sigue las ideas de la Escuela de Viena, es dodecafónica y tanto en su sonoridad como en su clima se parece a la Passacaglia de Webern. Ese estilo dejó una impronta muy grande en este país".
El maestro platense también se ha referido a "otros universos estéticos" entre los polos que representan las obras de Gilardi y Gandini: "Otra obra que se podría insertar en la categoría de clásicos de este país que es el Llanto de las Sierras, de Juan José Castro. Una obra que no busca el color telúrico, que aspira a la universalidad. Un poco influida, es cierto, por lo hispano, que siempre está en Castro y que en este caso queda justificado por el tema, un réquiem profano para Manuel de Falla. Del otro lado, está la obra de Virtú Maragno que para mí es nuestro Messia en criollo. Era un hombre profundamente religioso y esa religiosidad está puesta en sus obras y no en forma dogmática. Su actitud frente a la música era la de un hombre verdaderamente liberal –en el buen sentido-, más que muchos progresistas".
"Amo es una obra compleja, escrita para doble orquesta. Es atonal pero utiliza cuatro notas de un coral de Bach, que aparece y desaparece dándole unidad a la pieza. Una obra influida por el clima opresivo de aquellos años de dictadura que a Maragno lo afectaba muchísimo", agreda
Sobre el impresionismo de Carlos López Buchardo, Gorelik recuerda que la frase de Buchardo: "no dibujen la flor, miren su perfume".
"Escenas Argentinas está tan lograda como Iberia de Debussy. Quedan Alberto Ginastera, con sus Variaciones Concertantes, para mí, su mejor obra, donde concentra todas sus habilidades y las sintetiza mejor que en ninguna otra; la Suite Argentina, de Eduardo Falú, el toque telúrico, y dos obras de Luis Gianneo: la también telúrica, Concierto Aymará –que nada tiene que envidiarle a los conciertos románticos-- y la obertura para una comedia infantil, más volcada hacia el constructivismo rítmico obsesivo de Prokofiev".
El director también ha recordado el proceso de grabación del disco: "Se grabó en el Nuevo Teatro Provincial de Salta. Se ajustó la sala para usarla como estudio de grabación. Tanto el técnico como yo creímos que una grabación de orquesta sinfónica tiene que involucrar un par de micrófonos y no mucho más. Si se manipula mucho, pierde el balance natural. Se grabó durante 22 días, en 36 horas de crudo y luego se editó".
Hacia el final de la entrevista, Gorelik se refirió a la ausencia de la obra de Piazolla en la selección. Sobre este tema dijo: "Piazzolla estuvo en nuestras discusiones con la dirección de Sony. Pero yo me opuse a incluirlo. Es otro mundo, un entorno cerrado en sí mismo. Además, creo que las obras originales para orquesta no son lo mejor que dio. Lo académico que escribió es flojo, sin valor comparable al que tienen las piezas incluidas. Iba a quedar en desventaja".




