Uno podrá rezongar todo lo que quiera contra el enorme poder que acumula Google, pero jamás se podrá negar la enorme utilidad de la primera y más conocida de sus herramientas: el buscador global.
Por razones que no vienen al caso, se me ha ocurrido buscar allí, debidamente entrecomillada, la frase "héroe de la nación argentina", creyendo en mi infantil ingenuidad, que el todopoderoso gigante de Mountain View (que no es Mountain Dew, como creen algunos paisanos míos) me devolvería una infinita variedad de resultados, con nombres de héroes de los más variados, que van desde el encumbrado General San Martín, al modesto centinela Falucho, o al más intrépido Sargento Cabral.
Pero no; la respuesta de Google ha sido casi unánime. El único "héroe de la Nación argentina", sancionado y reconocido a nivel global, es el General don Martín Miguel de Güemes.
Por lo menos, así se desprende de los primeros quinientos resultados de los 17 mil y pico que devuelve nuestro tan vilipendiado, pero utilísimo, buscador global.
Por supuesto que estoy de acuerdo con que Güemes adquirió la dimensión de héroe y de que su actuación fue mucho más decisiva para la consolidación de la independencia argentina de lo que sugieren los manuales de historia de las décadas pasadas, y de lo que muchos pampeanos desinformados suponen debajo de esa ambigua etiqueta de "caudillo", que atormentó durante décadas a los güemesianos más belicosos.
Ahora, que fuera Güemes el único o el más importante héroe de nuestra nacionalidad, es un tema para discutir bastante y no precisamente en una polémica de mostrador.
Lo que me preocupa es que tan universal reconocimiento a nuestro general gaucho sólo ha sido posible después de que el Estado salteño sancionara una ley (la 7.389) que obliga a los organismos del mismo Estado a utilizar en su papelería y comunicaciones oficiales la frase "Gral. Martín Miguel de Güemes Héroe de la Nación Argentina".
Me preocupa por varios motivos, uno de ellos el lingüístico. Porque mientras fui soldado (por supuesto que lo fui, y en épocas bravas, mientras otros 'guapos' que hoy pretenden militarizar a nuestra juventud jugaban con muñecas) advertí que los militares, en sus papeles oficiales (y suboficiales) abreviaban el rango de general como Grl. y no como Gral.
Por supuesto que sobre abreviaturas no hay nada escrito. Si no, que se lo pregunten a los españoles que suelen abreviar la interminable palabra "administración" con "Admón".
Pero ¿por qué abreviar el generalato de Güemes? ¿Acaso no era conveniente mantener la palabra 'General' en toda su extensión, en un contexto de exaltación de su heroísmo? Si el objetivo era abreviar, se podría poner en la papelería simplemente "Güemes, HDNA", que la gente lo entendería perfectamente.
Incluso, podrían los concejales sancionar una ordenanza para que el señor Montaldi obligue a los autos a llevar una patente con esta leyenda.
La segunda preocupación es más bien de corte jurídico-político. ¿Necesitaba Güemes un 'refuerzo' de su idoneidad como héroe? ¿Era necesaria una ley para lograr tal propósito?
Porque, con los mismos mimbres, mañana podríamos votar leyes cargadas de obviedad, como por ejemplo, una que obligue a los clubes salteños de fútbol a portar en sus camisetas una leyenda que diga "Maradona, mejor jugador del mundo". O mejor, otra que obligara a los cofrades de la Virgen de las Lágrimas a procesionar con un cucurucho en la cabeza que dijera "Señor del Milagro, Protector de la Ciudad de Salta".
Pienso, con el mayor respeto hacia la función legislativa, que no pagamos a nuestros legisladores para que conviertan las obviedades en Ley de la Provincia.
El último de mis motivos de preocupación es de corte histórico.
Recuerdo que, hace ya algunos años, un dirigente político cerrillano de profusas patillas blanquecinas, se había emperrado en que una calle del pueblo llevara el nombre de su padre, que, al igual que él, era un ilustre desconocido. Menos mal que la iniciativa no prosperó, porque si lo hacía, toda una generación entera de cerrillanos podría llegar a creer que aquel señor tuvo una destacada actuación, fuera de lo que eran los bares y las carpas de carnaval.
¿Qué pasaría si a la Legislatura de Salta se le ocurriera obligar a las reparticiones públicas (y a Google) a machacar nuestros oídos y nuestras retinas con frases sesgadas que podrían ir desde "Jorge Rafael Videla, salvador de la Patria" o, en el otro extremo, "Mario Firmenich, campeón de los Derechos Humanos"? Con tal, todo depende de si se tiene mayoría en la cámara o no.
Si esta corriente legislativa se generalizara, se podría entonces manipular la historia al antojo de las mayorías circunstanciales y dejar a los manuales escolares a la altura del betún, a fuerza de imprimir y de imprimir millones de veces en los papeles oficiales frases cargada de juicios de valor sobre los personajes de la historia. Al final, el General Google siempre terminará recogiendo este tipo de cosas.
La Historia, como la Geografía, son ciencias que no se controlan fácilmente por Ley. De lo contrario, sería muy fácil que algún diputado de Santa Victoria presentara un proyecto para declarar "Océano" al río Pilcomayo, o uno de Metán considerar por Ley al Crestón más alto e importante que el Annapurna.
Creo que la Ley 7.389 ha ganado una batalla, pero no la guerra. En algún momento, tanta insistencia burocrática con la heroicidad de Güemes puede volverse en contra del personaje, y de los salteños, sobre todo de aquellos más presuntuosos. A medida que se repite la cantinela, se refuerza la impresión de que un cierto complejo de inferioridad histórica nos está impidiendo a los salteños gozar de nuestro pasado sin ataduras y, sobre todo, con plena libertad de opiniones.
A ver que si por hacerle un favor al General nos estamos cargando su verdadera dimensión humana y su destacada trascendencia histórica.




