viernes, 25. mayo 2012

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El ministro Loutaif y los cambios en la línea editorial de un diario de Salta

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Julio César Loutaif ampliar
El ministro de Desarrollo Económico del gobierno de Urtubey, señor Julio César Loutaif, ha tomado sobre sí -y sin que nadie, al parecer, se lo pidiera- la penosa responsabilidad de enfrentarse a cara descubierta a la campaña que por estos días un diario de Salta lleva adelante contra el gobierno que integra.

La virulencia de la defensa ejercida por el señor Loutaif no sirve sin embargo para otra cosa que no sea poner de relieve la exagerada importancia que el gobierno concede al periódico en cuestión, o la ansiosa búsqueda de apoyos y complicidades en que se hallan embarcados algunos funcionarios.

Si hace tan solo unos días el ministro no se cortaba un pelo para decir que aquel diario "era poco serio" y que había "perdido la objetividad", ayer mismo volvió a sorprender al respetable con la afirmación de que el periódico "ha cambiado su línea editorial de la mañana a la noche".

El juicio es sorprendente, porque hablar de "línea editorial" en un caso como éste, aunque sea para denunciar su cambio, más que a un denuesto, suena a un elogio desmedido.

El señor Loutaif equivoca claramente su enfoque, lo cual es ciertamente de extrañar tratándose de un manifiesto y avezado portavoz de intereses, como lo es el señor ministro.

Si aquel medio de prensa que hoy aparece enfrentado con el gobierno ha tenido alguna vez una "línea editorial", y si hay algo de ella que deba llamar la atención de los salteños, no es su cambio precisamente, sino, al contrario, su asombrosa estabilidad.

Desde 1957 en adelante, es decir, desde que los rescoldos de la Revolución Libertadora permitieran a un grupo económico incipiente hacerse con el control del que fuera órgano oficial del Partido Peronista de Salta, el diario en cuestión mantiene una línea editorial irreprochablemente recta, toda vez que desde entonces se dedica única y exclusivamente a servir a los intereses de sus propietarios, sean éstos intereses de naturaleza económica, social o política.

Si el diario en cuestión ataca hoy al gobierno no es porque el diario haya cambiado nada (en el fondo y en la forma sigue defendiendo sus propios intereses), sino más bien porque el gobierno ha cambiado, o por lo menos dice haber cambiado. Solo los invariables intereses de sus propietarios explican que aquel diario haya sido, sucesivamente, ucrista, onganiísta, gnavista, lanussista, antirragonista, videlista, antialfonsinista, alfonsinista, menemista, neorragonista... etc. Son los gobiernos los que cambian, no el diario.

Tal vez no sea el caso del señor Loutaif, pero el señor Urtubey, durante años, coincidió con cada coma que aquel diario publicaba, aplaudió sus conquistas políticas y depositó puntualmente ofrendas florales al pie del monumento erigido en su rotonda de acceso.

Fueron años largos, de mucha tinta, durante los cuales el actual Gobernador de Salta se sintió identificado con aquella "línea editorial", lo cual es lo mismo que decir, que participó, como uno más de familia, de aquella tupida red de intereses que mantuvo como rehén al Estado y que hizo de la realidad su víctima mortal, durante dieciséis años, o quizá más.

Que hoy la "línea editorial" se haya divorciado de la gubernamental es solo una anécdota.

Solo unos matices muy tenues separan a la una de otra; es decir, luces y sombras algo menos contrastadas que las de la mañana y la noche a que se refiere el señor Loutaif, quien, por su larga trayectoria en el ámbito de los grupos de interés, debería saber o imaginarse que las aguas no tardarán en volver mansamente a su cauce.

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