Está escrito que, en cualquier guerra, los ministros de Defensa sólo visitan el frente de batalla cuando las cosas van bien o cuando la guerra ya está ganada. También suelen darse un garbeo por allí, cuando soplan buenos vientos, figuras como Marilyn Monroe o Elvis Presley, por aquello de la moral de la tropa.
No era cuestión, pues, de que el flamante Ministro de Salud Pública de Salta, señor Chagra Dib, visitara el Hospital Miguel Ragone, el neuropsiquiátrico de Salta, para encontrarse allí con la capital imaginaria del reino infernal.
Para evitarle un disgusto y también para que el ministro pudiera fotografiarse a gusto con internas de miradas hundidas en lontananza, su mariscal de campo en materia de salud mental, la señora Román Ru, dispuso junto al director Montivero, un prolijo escenario que, de no ser porque Campanella se llevó todas las estatuillas que pudo, estaría ya compitiendo para la próxima edición de los Oscar.
Según la Historia Oficial (otra película con Oscar), el ministro Gabriel Chagra Dib recorrió ayer el hospital de Salud Mental “Dr. Miguel Ragone”, oportunidad en la que observó el funcionamiento del nosocomio y la situación de los pacientes, todos prolijamente sentados en mesas limpias y relucientes, vestidos como de primera comunión, aunque espiritualmente ausentes de la escenificación mayestática del gobierno.
Vaya uno a saber por qué circunstancias, el ministro se "interiorizó especialmente" del proceso de adaptación de las mujeres trasladadas la semana anterior desde colonia Nicolás Lozano de Potrero de Linares y que ahora residen en los nuevos servicios "acondicionados" (no por el concejal Torina, un especialista en la materia) para ellas.
El ministro Chagra Dib dialogó con los profesionales, enfermeros y con los pacientes durante la recorrida en la que estuvo acompañado por el secretario de Servicios de Salud Alejandro Gravanago, la secretaria de Salud Mental y Abordaje Integral de las Adicciones Claudia Román Ru, y el gerente del Hospital Ragone Oscar Montivero.
Dice el parte del gobierno que "cabe recordar que el traslado de los pacientes de colonia Nicolás Lozano al hospital Ragone se desarrolla en el marco del proceso transformación institucional de la salud mental, puesto en marcha por la cartera de Salud Pública al inicio de la gestión del gobernador Juan Manuel Urtubey".
Pero hay quien recuerda con mejor memoria que la del gobierno, que el traslado fue dispuesto en calidad de "manotazo de ahogado" por la señora Román Ru, luego de que la estantería se le viniera encima a causa del certero recurso de amparo promovido por la Defensora Oficial Natalia Buira, el que, a pesar de sus vicisitudes procesales, amenaza con sacar a la luz pública la desastrosa actuación del gobierno Urtubey en materia de Derechos Humanos.
Dice también el gobierno que en 2009 se procedió al "cierre definitivo de los sectores llamados aislamientos" del hospital Miguel Ragone, tal vez por la misma razón por la que el director de la cárcel de Villa Las Rosas decidió hace unos días quitar el candado de las celdas de los presos.
Afirma también la información oficial que "actualmente se encuentra en ejecución la actualización de los diagnósticos de cada paciente internado, lo que permitirá determinar las posibilidades de autonomía de cada uno, para avanzar en un futuro en una externación racional, sistematizada y gradual", una actuación que se verifica sólo después de que Buira denunciara con precisión cartesiana la ausencia total de historias clínicas y de diagnósticos fiables en una pluralidad de casos.
Se dice también por el gobierno que "junto a la actualización de diagnósticos (algunos de estos datan la época de Carrillo), se trabaja en el relevamiento de los lazos familiares, sociales, comunitarios e institucionales del conjunto de los pacientes". Frente a tal afirmación sólo cabe preguntarse en qué estarían trabajando antes de darse cuenta de la importancia de aquellos lazos familiares y sociales de los enfermos mentales de Salta.
“Estamos frente a un cambio de paradigma en la atención de la salud mental, con la finalidad de integrarla a los servicios de salud en general, en especial en el nivel de atención primaria, ya que los cuidados en salud mental en este ámbito minimizan el riesgo de estigmatización y discriminación de las personas, manteniéndose los pacientes en su medio familiar - comunitario”, expresó el ministro Chagra Dib, que para elaborar tan concienzuda declaración debió machetearse previamente párrafos íntegros del recurso de Buira.
El titular de la cartera sanitaria indicó que esta transformación implicará en un futuro la incorporación de recursos adicionales: hostales (¿serán estos también inaugurados por el sonriente Ministro de Turismo?), casas de medio camino, atención domiciliaria, que tendrán como finalidad el sostenimiento de los programas de los tratamientos.
Por su parte, la secretaria Roman Ru, con su melena cobriza revuelta por el viento (y sus ideas revueltas por el amparo), dijo que “el hospital psiquiátrico tradicional tiende a aislar al paciente poniendo en riesgo sus derechos. En este proceso estamos trabajando para rediseñar el sistema de atención institucional hospitalaria y para su realización es necesario un desplazamiento progresivo de los cuidados en salud mental del hospital psiquiátrico a una atención comunitaria descentralizada, participativa, integral, continua y preventiva en concordancia con los derechos humanos”.
Tardía sensibilidad es la que demuestra la joven secretaria por los Derechos Humanos de los pacientes mentales de Salta, que seguirían en el olvido de no ser porque una magistrada pateó el tablero de la ignominia.
sábado, 31. julio 2010
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