Europa discute por estas horas dos temas casi excluyentes: la durísima entrada de Ujfalusi sobre Lionel Messi y la expulsión masiva de gitanos rumanos ordenada por el presidente Nicolas Sarkozy.
Aparentemente no hay conexión entre estos dos asuntos, pero el debate se ha planteado en términos muy parecidos.
Por un lado se discute si Ujfalusi merece una sanción 'especial' por haber machacado sin piedad uno de los tobillos más valiosos y exquisitos del planeta, y, por el otro, se debate si las deportaciones de gitanos violan los tratados fundamentales de la Unión Europea y si el presidente Sarkozy merece el implacable repudio de los ciudadanos europeos.
Hasta aquí, no parece haber ninguna relación entre Messi y los gitanos rumanos, pero si lo miramos desde otro punto de vista es casi seguro que hallamos esa relación.
En efecto, la discusión futbolística sugiere que Ujfalusi merece una sanción más dura porque con su falta ha lesionado al mejor jugador del mundo. Los 'igualitaristas', por el contrario, dicen que el jugador checo debe ser sancionado igual que si hubiera lesionado a un ignoto patadura de la tercera división regional. Es decir, que debe ser tratado con 'la misma vara de medir'.
Pero a la hora de juzgar la conducta de Ujfalusi es necesario -diríamos imprescindible- valorar si el jugador actuó movido por un plus de agresividad o de animosidad por las cualidades personales de quien tenía en frente; es decir, si al momento de cometer la falta el checo tuvo en cuenta que quien se escapaba con la pelota dominada no era un ignoto patadura de la tercera división regional española sino el mejor jugador del mundo.
Los viejos relatores de fútbol en la Argentina, cuando describían las acciones violentas de algunos carniceros del fútbol hablaban de la 'vehemencia' de un jugador 'temperamental'.
Pero si el checo hizo el cálculo de que sólo podía oponer la fuerza bruta a la habilidad de Messi, por ser éste más peligroso (o hábil) que el resto de los jugadores de fútbol conocidos, está claro que la sanción no puede la misma que la que podría corresponder en cualquier otro supuesto.
¿Qué tiene que ver esto con los gitanos?
Pues muy claro. Si Sarkozy ha expulsado a los gitanos rumanos sólo por violar la ley, por cometer delitos, por amenazar la seguridad y la salubridad públicas de Francia o por provocar tensiones sociales e insatisfacción ciudadana, el reproche de la opinión pública europea debería ser en cualquier caso menor.
Muy diferente es pensar que el Presidente de Francia, además de tener en cuenta la legalidad y la seguridad interior del país que preside, ha ordenado las deportaciones por tratarse personas de la etnia gitana.
En resumen: Si Sarkozy y Ujfalusi, por ese orden, hubieran cometido sus atropellos sin tener en cuenta especialmente la calidad de las personas contra las que dirigieron sus acciones, la cosa puede pasar. Pero si, al contrario, obraron movidos por el 'racismo' (sociológico o futbolístico), el enfoque de la cuestión cambia sustancialmente.
El problema es que aunque Ujfalusi jure por todos sus antepasados que hubiera entrado con igual desprecio por la humanidad ajena a cualquiera que no fuese Messi, y aunque Sarkozy asegure que hubiera actuado del mismo modo si en vez de gitanos fuesen vikingos o vecinos cualquiera de un barrio de Marsella, a veces hay acciones que se condenan solas.







