
Particularmente, no tengo nada contra los edificios altos de Salta (nacà en un piso 23º). Sin embargo, encuentro algo de razón en la rabiosa campaña que lleva adelante una conocida ONG salteña contra esta especie de obsesión por la propiedad horizontal que está dominando el alma de algunos especuladores que, en vez de proyectar una Salta "de altura" en áreas periféricas de la ciudad, se empeñan en echar abajo lo poco que de bonito queda en pie en el centro de nuestra capital para construir allà edificios cuya sostenibilidad, ambiental y estética, resulta a estas "alturas" de la
soirée sumamente dudosa.